¿Para qué se deja envejecer el vino?
El envejecimiento es, sin lugar a dudas, una fase crucial en la evolución de un vino tinto. Durante este proceso, el vino se deja madurar en barricas de roble, nuevas o usadas, donde adquiere una mayor complejidad aromática y estructural. Este período posterior a la fermentación posibilita que se puedan desarrollar matices únicos, resultantes de reacciones químicas y alteraciones físicas y biológicas que ocurren de manera natural con el paso del tiempo. En rasgos generales, podemos decir que el proceso de crianza se divide en dos fases principales:- Crianza oxidativa: Se produce en la barrica de roble, donde el contacto con el oxígeno y la transferencia de compuestos de la madera pueden enriquecer el vino, añadiéndole ciertas notas a cuero, tabaco, humo o frutos secos. En esta etapa, los taninos se van concentrado, dando lugar a vinos más estructurados y de mayor intensidad.
- Crianza reductiva: Esta fase del proceso ocurre cuando el vino envejece en botella, sin apenas contacto con el oxígeno. Este tipo de envejecimiento permite suavizar los taninos y preservar mejor los aromas frutales y florales, logrando un vino con colores más vivos, sabores más equilibrados y que proporciona una textura mucho más sedosa en boca.
Tipos de vino según su envejecimiento
Una vez terminada la fermentación, el vino puede consumirse directamente o se puede someter a un período de maduración en barrica de madera o incluso en botella. Podemos dividir los vinos tintos dependiendo de su crianza de la siguiente manera:
- Vinos jóvenes: Este tipo de vinos no pasan por un proceso de envejecimiento en barrica. Son frescos y frutales, con una acidez pronunciada y taninos suaves. Ideales para consumir en los meses cálidos, a una temperatura recomendada que puede oscilar entre los 12°C y los 14°C, dependiendo de la botella.
- Vinos de crianza: Estos tienen una maduración mínima de 24 meses, de los cuales al menos 6 deben transcurrir en barrica y el resto en botella. Suelen tener un mayor cuerpo y estructura, con notas especiadas y tostadas provenientes de la madera. Son más elegantes y equilibrados, con menor acidez y una mayor complejidad aromática. Recomendamos servirlos entre 14°C y 16°C.
- Vinos reserva: Deben pasar unos 36 meses en crianza, con un mínimo de 12 en barrica. Presentan tonos rubí y una gran riqueza de matices, con aromas especiados y a frutos maduros. Son vinos potentes y sofisticados, que resultan ideales para acompañar carnes rojas o guisos contundentes. Recomendamos consumirlos entre 16°C y 18°C.
- Vinos gran reserva: Son los más exclusivos, con un mínimo de 60 meses de envejecimiento, de los cuales 18 deben ser en barrica. Destacan por su color caoba o granate oscuro, su gran intensidad aromática y su retrogusto largo y persistente. Son vinos refinados y de gran profundidad, que deben servirse a una temperatura entre 18°C y 20°C.